Oficina dinámica de Wilkhahn - Office for Motion

¡Salga del callejón sin salida!

Durante 150 años la ergonomía ha buscado adaptar los espacios de trabajo a las personas con el fin de mantener el rendimiento y proteger su salud. Sin embargo, y paradójicamente, la búsqueda de evitar enfermedades para mejorar la productividad ha reducido cualquier tipo de actividad física en la oficina. Todo está cerca, al alcance de la mano, y nuestros cuerpos están soportados por sillas de oficina complicadas con múltiples ajustes. Los entornos de trabajo también están cómodamente concentrados alrededor de las pantallas de los ordenadores. En vez de rebuscar entre carpetas, cargar archivadores y entregar el correo en la oficina postal, el único ejercicio que se realiza para desarrollar el trabajo de oficina se limita a escribir en un teclado y a mover un ratón. ¿Y cuál es el resultado? El desequilibrio entre el desempeño y la condición física está creciendo, los días perdidos por enfermedad se han disparado y la gente se toma más tiempo para recuperarse. Al mismo tiempo, la economía del conocimiento está colocando al trabajo de oficina en el centro del valor añadido. Como antiguos objetos, los empleados se están convirtiendo en los sujetos del éxito empresarial. Así que, ¿no es hora de que hagamos una crítica sobre las estrategias ergonómicas que nos están llevando claramente a un callejón sin salida? En base al conocimiento actual de la investigación en materia de salud, ahora pueden existir perspectivas completamente nuevas en la prevención de la salud, motivación y desarrollo de entornos de oficina eficientes.

 

 

 

La epidemia del dolor de espalda

El aumento del dolor de espalda es un fenómeno global, razón por la cual la Organización Mundial de la Salud realizó la declaración “Bone and Joint Decade 2000-2010” en enero de 2000. Las enfermedades musculares y de las articulaciones son la segunda causa más común de bajas laborales por enfermedad - y no hay indicios de cambios en esta tendencia. Esta evolución negativa se aplica también en las oficinas. El número de enfermedades, especialmente donde la gente trabaja con ordenadores, ha aumentado considerablemente. La cifra se ha incrementado en más de un 44% en diez años - y prácticamente todas estas quejas están asociadas con estar sentado durante largos periodos de tiempo en el puesto de trabajo. Aunque el trabajo físico es cada vez menos común, los trastornos musculoesqueléticos se encuentran en aumento. También ha habido un incremento en el número de bajas labolares debido a enfermedades depresivas. Estas ocupan el segundo lugar detrás de las quejas musculoesqueléticas. Algunos investigadores creen que el estrés combinado con un ambiente presurizado y muy poca actividad física es desastroso y tiene un efecto perjudicial sobre el metabolismo. En situaciones de estrés, las hormonas y los neurotransmisores emiten para poner el cuerpo en estado de alerta, para centrar todos sus sentidos y asegurar que funcione a su capacidad máxima. Por otro lado, todas las funciones corporales que no sean requeridas urgentemente se mantienen bajo control. Estas incluyen el proceso recuperativo, los procesos digestivos, y la capacidad para el pensamiento cognitivo. El problema es que si esta condición se combina con una escasez de actividad física, las hormonas del estrés tardan más en disiparse y surgen constantes interrupciones importantes en el metabolismo. Las cargas de trabajo, la presión para llevarlo a cabo, la disponibilidad de personal, la sobrecarga sensorial de múltiples medios y otros muchos trastornos han florecido en las oficinas. En muchos entornos, estos factores han llevado a niveles de estrés perpetuos. Al mismo tiempo, los trabajadores de oficina (especialmente en situaciones de estrés) se sientan muy a menudo en sus puestos de trabajo mirando la pantalla del ordenador y las respuestas físicas naturales para vencer al estrés son insuficientes. Como consecuencia, una de las razones dadas por las nuevas teorías sobre el fuerte aumento de las enfermedades depresivas es que el estrés es implacable, no sólo como resultado de la constante sobrecarga de nuestro cuerpo (como por ejemplo, en el caso de los deportistas profesionales), sino también debido a la falta de actividad física, que puede debilitar el sistema inmune y los mecanismos reguladores naturales del cuerpo para vencerlo.